Definitivamente, como ya dije el otro día, tengo un sujeta con efectos especiales. Cuando me lo pongo, soy mejor que WonderWoman. Atrae a quien debe atraer y no sólo eso, sino que cuando me lo pongo, aguanta las broncas de los jefes y hace que estas se conviertan en bromas de colegas. ¿Si lo comercializo me forro, no? El día que me canse, lo subo a ebay. Pero de momento... ¡¡a estrujarlo!!
Como os iba contando, su funcionamiento es el siguiente: Cuando lo llevo puesto, ese ser llamado Dios sexy por mí (nota mental: buscarle otro nombre más acorde, menos cutre y que demuestre menos mi triste obsesión hacia sus ojitos miel) aparece de la nada y se cruza conmigo, a lo que ese ser llamado yo (nota mental: no revelar nunca mi triste identidad) le muestra una espléndida sonrisa licor del polo blanco hueso (¿nunca conseguiré unos dientes blancos como los del anuncio?) y él, sorprendido por mi candor y la sinceridad de mi sonrisa (no, no le estoy mirando el culito, no ;) me dice un ¡Hola! sorprendido, y entonces... y es entonces... en ese preciso momento... justo en ese instante en el tiempo... en la unión de la dimensión espacio con los vectores él y yo en el mismo punto del vector director tiempo... en el que no pasa nada más. Ahí acaba la triste cosa. ¿Es penoso? No, no quiero oír vuestra respuesta, me dolería en el alma... ja ja ja ja.
Pero bueno, es lo que hay. Luego él se va con su café y su grupo de colegas, misteriosamente se coloca desde donde me puede ver, cara a mí... una de dos, o me quiere mirar o soy idiota pensando eso, entonces si es la uno, el idiota es él por no decirme nada cuando estoy sola y si es la dos la idiota soy yo por hacerme ilusiones con ese tío...
Ya lo iréis viendo, soy una idealista, piscis, como no podría ser de otra manera... (que hablando del tema, esto de blogger es una gran mierda que no me deja escribir el día de mi cumpleaños en mi perfil. ¿Acaso el 29 de febrero no existe? ¡Y una mierda que no! ¿Acaso el 29 de febrero de mi año todo el mundo quedó en coma para despertar al día siguiente y nadie se acuerda de ése día? ¡Pues os aseguro que mi madre me lo recuerda cada año! Estos de blogger deberían ponerse de parto un 29 de febrero, ya verías si me dejarían poner esa fecha o no. Los hay que nos gusta complicarnos la vida hasta para el momento de nacer, ¿vale? Pues ahí lo dejo, gente de blogger.)
Después del paréntesis más largo que escribiré en mucho tiempo, vuelvo al tema: Que soy una idiota que vive en su mundo de fantasía, en el que llevando cierta prenda el tipo que te gusta te mira y vendrá a ti y te dirá cuánto te ama en secreto y dejarás a tu capullo de novio para comprarte un yate con un tío bueno (vale, mi dios sexy no es de lo más bueno del mundo) a vivir a alta mar! No, tampoco es mi fantasía. Y sí, como llevo diciendo, soy triste.
Siguiendo con mi tristeza, mi super-sujeta, cual coraza de caballero, me ayudó a soportar mi bronca jeferil. Aparecieron de la nada. Los dos. Me acecharon de una punta a la otra del pasillo. Iban como tigres al acecho de un indefenso corderito. Y allí estoy yo, dispuesta a aguantar las críticas, las mías y las de mi equipo, que como no estaban, me tocó comérmelas con pimientos. Todas. Pero bueno, gracias a mi coraza-sujeta, que me insufló fuerzas de flaqueza, relució mi ironía y puse las cosas en su sitio. Relució su ironía y todo quedó en una charla entre colegas. Eso sí, el lunes a entregar lo no entregado.
Voy a comercializarlos. Como no soy naaaaada desastrosa cosiendo, compraré tela, haré réplicas que se parecerán menos que un cuadro de Picasso a la realidad, y las venderé. Me forraré. A todo el mundo le viene bien una ayuda sujetadoril, ¿cierto?
Y mañana uniré el poder sujetadoril con combinaciones que iré probando, a ver qué resultados obtengo. ¡Mierda de científica tenía que ser! Me pueden los experimentos, al igual que me puede la aprobación, la timidez y el miedo al ridículo. Nada, que si encuentro la combinación que me lleve al éxito, mi dios sexy se va a enterar. Y mi novio también, que el muy capullo no me apoya nada ahora en momentos de flaqueza. Y encima es harto harto cansino. Será por eso el aprecio que le tengo, sólo la costumbre me mantiene... triste. Lo sé.
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