jueves, 26 de agosto de 2010

Recapitulemos...

Han pasado muchos meses desde que no pongo en orden mi cabeza. Y eso está fatal, porque es como cuando vas metiendo cosas en un armario, sin ordenar nada, y sin sacar nada antes. Al final acaba: el armario, a punto de explotar, y tú, sin saber qué tienes, dónde está, o qué hace ese velociraptor ahí en medio. Qué tengo y dónde está, es fácil saberlo: Un montón de ideas, sentimientos y pesares hechos un gurruño, ahí dentro de mi cabeza, apretujados y queriendo salir. Qué pinta el velocirraptor, éso no lo sé.

Bueno, vamos a ello, ¿no? Desde febrero, bufff. cuántas cosas han cambiado. Yo he ascendido, he pasado de chinche a piojo, de "pringada a más no poder" a "pringada a un poco menos a poder". De ser el último mono, a ser el penúltimo. Bueno, ¡ahora tienen en cuenta mis opiniones!

¿Qué tiene que ver esto? Pues que al ascender, cambié también de lugar de trabajo, cambié de horarios, cambié de área. Por lo que si a mi Dios-sexy lo veía en la máquina del café en horario de desayuno, ahora me encuentro a dos máquinas de café de distancia. Y eso es muuuucha distancia. He dejado de verlo, por lo que el tiempo me ha ido demostrando lo que ya venía sabiendo, que la distancia... hace el olvido... ¡AAAAAAAaaaayyy! ¡Pero qué bonito me ha quedado! Casi del nivel de las canciones de Efecto Mariposa.

En el fondo fue así de simple: dejé de verle, dejaron de aparecer las mariposas en mi tripilla. Mi potencial úlcera gastroduodenal lo agradece, pues mi estómago ha estado mejor y descansado. Qué penita, ¿ahora por quién revolotearan mis mil mariposas?

Meses más tarde (llámale hace un mes) le volví a ver. Se ha quitado la perilla (más bien una barba de chivo que tenía) y está raro. Aparte me dicen que ha engordado. Esto segundo es bueno, pues sus huesos no solían tener el recubrimiento suficiente de carne (raro por otra parte al saberse de lo que se alimentaba al medio día, llamado Menú diario del bar de la universidad... aunque quizá al vivir solo sería su único alimento "decente"...)

Pues eso, que lo vi y me dije: Tío, mucho me has cambiao... antes molabas (frase Simpsons). Y mientras seguía mi viaje a través del laaaaargo pasillo pensé para mis adentros: ¡Pero si eres un chulo! ¡Pero si estabas hecho un palillo! ¡Si te faltaba carne mirara dónde mirase! Y tu cara nunca me acabó de gustar. Las veces que te vi de cerca... mmmmm no. Me espantabas un poco. ¿Cómo me has podido gustar? ¿Cómo me has tenido inventándome excusas para hablarte, pensando qué decirte, agradecer al destino las veces que nos encontrábamos y me hablabas, perdiendo tiempo en cualquier rincón sabiendo que pasarías por allí a tal hora...?

Pero por otra parte, tus ojitos miel... la dulzura de tu voz, que me podría dormir escuchándola (y por suerte te pude escuchar horas i horas, embobada mientras explicabas...) tu chulería, tu... Aaaaaaay! Será por eso que sigo soñándole, será que le tengo idealizado. En septiembre te vuelvo a ver... El tiempo dirá.

Una paja mental que me acaba de venir al coco es que con lo tímida que soy en la vida real, que no te digo buenos días porque me da vergüenza, que cuando hablo parece que sea una mosca en la habitación, porque los gilipollas de los que estaban trabajando hasta hace poco conmigo sudaban más de mí que de la mierrrrrrda, aquí me hallo, contándole los devaneos mentales a alguien desconocido de vete tú a saber qué parte del mundo. Bueno, devaneo aparte, si juntara la gente que me lee y la invitara a caviar iraní en mi yate de lujo, me saldría todo gratis. Mejor, así devaneo sola, no sé si sería capaz de enterarme de qué piensa la gente de mí.

Devaneos aparte, ahora viene el tío 2: el Chuloaparte. Chuloaparte, comúnmente llamado chulo-playa, chulo-piscinas y demás terminología asociada, es un ser que hubiera sido más feliz al no conocer. No me ha torturado, gracias a Shivá. (No creo en dioses, pero me mola más el hinduismo, de ahí que mis pulseras decenario tengan un monigote en lugar de cruz en el extremo :P)

Bueno, este ser apareció en mi vida hace tres meses, aproximadamente. Debía marchar de campaña muy lejos, cosa que me encanta hacer, 1) porque me lo paso bien, 2) porque aprendo, 3) porque así doy por culo a mi novio. En este caso, la variable 3 se encontraba aumentada exponencialmente ya que mi jefa (una de l@s much@s que tengo...) había dicho que necesitaríamos la colaboración de un par de personas masculinas de un ente externo a nosotros, uno de los cuales conocía muy bien y estaba muuuuy bueno.

Desgraciadamente, ese comentario hizo crear a mi cerebrito ciertas expectativas del tamaño del Coloso de Rodas, que al ver a semejante individuo, cual Coloso, éstas se derrumbaron, llegando al centro de la Tierra del hostiazo que se dieron. Vale, sí, tiene tatuajes que le dan un punto de chulo (¡Joder! Ya estamos, ¡otro chulo!) Y cuando se desnudó delante mío para enfundarse el traje de buzo me demostró que la firmeza de los gemelos era proporcional a la de su culo, y Dios qué culo. Pero de guapo a rabiar, es feo. Vale, no del todo, y si me hubiera dicho algo en esos días me presento en su habitación del hotel a media noche y en bolas. Pero suerte que no lo hice.

Fuimos de fiesta para celebrar el fin de la campaña, y misteriosamente se enteró de ciertas dotes mías para la danza oriental, así que me chantajeó de broma con hacer desaparecer algunas muestras mías en las cuales había derrochado sudor y sangre, si no daba una clase magistral delante de ellos en el bar. Y gracias al mojito que pronto subió y al mareo que llevaba encima, a ritmo de Io no speak americano destrocé los movimientos de este baile ancestral. Mi jefe supremo me pidió que parara, porque si no no me podría seguir mirando como hasta ahora... Me resultó paradójica la idea de que a mi propio jefe se le despertara el pajarito con mi baile, haciendo después muy difícil la relación profesional los días siguientes al suceso.

El capullo, con una copa de más (la que bebió, sólo bebió una y no le hizo falta más) siguió pidiendo que bailara, y que bailara y bailara más, incluso proponiendo una segunda campaña para festejar el fin en el mismo bar y así volver a verme bailar. ¡O mejor! Irnos de vacaciones los dos, solos. Sí, cariño. No se me habría ocurrido alternativa mejor a un dolor de muelas un día de regla.

Nos despedimos, y cada uno por su camino, hasta que me dicen días después que para procesar mis muestras necesito sus instalaciones. Metedme en la cárcel, despedidme, teñidme el pelo de fucsia, pero tener que verle, ¡nooo!

En realidad eso no fue lo que pensé, pues por aquél entonces tenía la dualidad de: eres demasiado chulo como para gustarme pero joder, me gustas. Eres un capullo pero te hacía hombre de golpe. De cara eres feo pero joder qué culo te he visto. Y la oportunidad de tener que ir lejos hasta sus instalaciones y tener que estar allí con él me pareció, para definirlo claramente, caliente.

Mañana sigo, mi cabeza necesita descansar, y esta noche será de las más calurosas. Si dejo a alguien con la intriga, ajo y agua!

No hay comentarios:

Publicar un comentario